2012, punto de inflexión

Desde JEF Madrid queremos desearos un feliz 2012 en un año que puede ser decisivo para la construcción europea. Desde nuestra asociación queremos desearos que, tanto en lo personal y lo profesional, vuestros proyectos vayan haciéndose realidad. Pero para que estos proyectos de vida puedan llegar a buen puerto, va a ser necesario que las condiciones ayuden a ello, especialmente en el plano profesional. Y para ello hay que ser consciente más que nunca que nosotros formamos parte del barco europeo, sin el cual nuestras vidas serían bien distintas, y con toda seguridad con menos esperanzas.

2012 puede ser un año crítico para el proceso de construcción europea y eso va a depender en gran medida no sólo de cómo los gobernantes reaccionen ante estos tiempos de crisis, sino de cómo nosotros, ciudadanos, decidamos colocarnos ante ellos. Ningún gobernante en una democracia puede serlo durante mucho tiempo en contra del deseo de los ciudadanos y hoy más que nunca se requiere que seamos conscientes de las ventajas intangibles (y no tanto) de una Unión que en los periódicos parece sólo imponer cargas pesadas a los que menos tienen. Y esto sólo se consigue haciendo ver los beneficios que ésta reporta que, por supuesto, quizá merezcan más atención de la que le dan nuestras noticias. La Unión Europea añade a las ventajas inherentes a la facilitación del comercio y la potenciación consecuente del crecimiento económico, la capacidad para moverse libremente a sus ciudadanos, a formarse superando las limitaciones nacionales, a forjar un proyecto de vida en donde más lo queramos. Pero estas ventajas individuales tampoco hacen olvidar que existe en el seno de la Unión una firme convicción en el desarrollo de las partes más atrasadas a través de los fondos de cohesión para que no sea ésta uno Unión de unos pocos urbanitas, comerciantes y burócratas, sino del conjunto de la población. Pues uno sólo puede vender algo (y mantener su riqueza) cuando tiene a quien vender, para lo que es conveniente el desarrollo de las partes con menos posibilidades. Más que nunca, en este mundo interdependiente, el todo es mucho más que la suma de las partes.

Pero la Unión sólo seguirá así si nosotros la mantenemos como tal. Si en nuestro quehacer diario en lugar de mirar a lo que nos une, miramos a lo que nos separa; si en lugar de ser conscientes que la mejora de las partes más atrasadas redunda en nuestro mayor beneficio a largo plazo, sólo pensamos egoístamente a corto plazo; si sólo nos pensamos como las partes y no somos capaces de ver el conjunto; así seguramente estaremos plantando las semillas de nuestra decadencia. Porque el bienestar de otros sólo puede expandir las posibilidades de mi propio bienestar y algo que se ha tardado décadas en construir puede destruirse en cuestión de minutos, es preciso no dejarse llevar por la desesperanza y permanecer vigilantes. Y ésta es una actitud individual, diaria. Debemos ser conscientes de que si los funcionarios europeos no son capaces de transmitir las ventajas que esta Unión reporta, si la Unión pasa a ser una burocracia inerte alejada de los ciudadanos, desprovistos de toda voz, corresponde a quienes sí somos conscientes y podemos hacerlo de hacer llegar a quienes nos son más próximos este mensaje. Y, con el ejemplo, promover que esta Unión cambie. La crítica a la Unión Europea es sana desde el momento en que ésta pretende hacerla más transparente y democrática. El europeísmo debe abandonar actitudes acomodaticias hacia las instituciones y ser exigente, para que de su cumplida, transparente y democrática respuesta nazca la base de su propia legitimidad.

Una crisis es por definición un punto de inflexión en el que cambian tendencias. La Unión Europea se encuentra precisamente en que debe decidir entre adoptar un mecanismo más federal (y por ende democrático) que dé cauce a soluciones eficaces de la crisis o continuar con ese lento declinar en la que se ha visto inmersa por su método intergubernamental, oscuro y alejado de la ciudadanía. La práctica política demuestra que cuanto más se puede controlar a un gobernante, y la manera más directa en una democracia es a través del voto, más son los réditos que ésta redistribuye al conjunto de la población. Nuestro optimismo europeísta no nos hace olvidar que esta no es la mejor de las Uniones posibles y esa sensación de insatisfacción por el trabajo a medio hacer no debe entenderse como un rechazo al conjunto del proyecto europeo. Eso sería un grave error. Un paso atrás en la construcción europea sólo puede llevar a la debacle y a un declive permanente. Deseamos un mantenimiento de la Unión, pero ésta no es la Unión que deseamos pues no es suficiente para solucionar los problemas a los que se enfrenta el ciudadanos corriente. Es a éstos a los que debe dar respuesta.

Por todo ello, este 2012 debe ser un punto de inflexión. No debemos esperar a que las respuestas lleguen desde arriba, porque es posible que no haya tal respuesta, sino que debe venir de nuestra convicción diaria y cotidiana en un debate sano, abierto y democrático sobre el futuro que queremos y nos merecemos. Somos nosotros, ciudadanos, y especialmente tú, lector, el que con tu actitud y exigencia puedes marcar el devenir futuro. Si en tu propia cabeza has perdido la batalla por mejorar el mundo en que vives, nadie lo va a cambiar por ti en el modo que deseas y te conviene. Pero si vences ese miedo a embarcarte en una aventura diaria, son muchas las cosas que puedes hacer. Quizá tu aportación sólo sea hacer a otros interesarse por el debate, ampliar sus horizontes o añadir nuevos argumentos al debate. Pero si queremos cambiar algo en este mundo no valdrá ya la vieja fórmula de mandar un mensaje y esperar a que el mundo se convenza. Será preciso dialogar con todas las partes, para aprender de nuestros errores y convencer de los ajenos. Y es ésta una aventura en que cada persona cuenta para diseñar mediante el debate el futuro que queremos.

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