A falta de pan… ¿buenas son tortas?

¿Por qué nos hace falta el Tratado de Lisboa?

Como ciudadana europea que aspira a alcanzar una Unión política de carácter federal, puede resultar extraño que apoye el Tratado de Lisboa. Se queda corto, dicen algunos; se pasa, dicen otros. Pero lo cierto, y lo que casi nadie dice, es que la alternativa que estamos eligiendo de facto es seguir con el tratado en vigor… y  el Tratado de Niza de 2000 es insuficiente. Así que, no nos confundamos con el pan y con las tortas y veamos por qué nos hace falta el Tratado de Lisboa y por qué no son sólo tortas.

Los diversos retos a los que se tienen que enfrentar nuestros países dejan claro que un sólo país no tiene mucho que decir. Pero la Unión Europea tampoco conseguirá marcar una diferencia si no dispone de herramientas eficaces para mantener una política propia. En este sentido, y con las elecciones parlamentarias tan cerca, resulta cada vez más evidente que es necesario que el Tratado de Lisboa entre en vigor, porque 27 países bailando al son del tratado de Niza resulta demasiado rígido y, en algunos aspectos, insuficientemente democrático. 

Con Lisboa se podría solucionar el bloqueo institucional que estamos viviendo y en cierta medida se podría contribuir a clarificar un poco el panorama político. Este Tratado aporta mejoras sustanciales, como pasar de la unanimidad a la mayoría en la toma de decisiones en diversos ámbitos y un elemento importante para las personas que defendemos una mayor implicación de los ciudadanos en la Unión, es la introducción de un sistema más democrático de designación del Presidente de la Comisión: si Lisboa hubiera entrado en vigor para estas elecciones, el Parlamento electo en junio habría sigo el encargado de designar directamente al presidente de la Comisión.

Nuestros países, que han dado competencias a la Unión Europea, tienen que mantener su calidad democrática y para ello es necesario que el Parlamento Europeo gane relevancia en el juego institucional y que los Parlamentos nacionales puedan coordinarse adecuadamente con el Parlamento Europeo.

La Unión Europea debe desarrollar una política exterior a la altura de su responsabilidad en el mundo. Nuestros ciudadanos tienen que ser conscientes de las ventajas de ser una Unión que responda al unísono, que sea capaz de reaccionar ante la crisis y salir reforzada. Si dejamos que las dificultades existentes inclinen la balanza hacia el proteccionismo, el aumento de las deudas nacionales… que se pongan en duda los beneficios del euro, del mercado común o la misma lógica de la solidaridad entre nuestros países… pues habrá que cerrar esto de la Unión Europea y decirle a la gente que a partir de ahora, serás sólo español o sólo húngaro y que ya ni euro, ni movilidad europea, ni sueños de defender una política exterior común.

En caso de que este Tratado no entrara en vigor, sería hora de que el Parlamento Europeo y los gobiernos nacionales que tuvieran la voluntad política necesaria convocaran una Convención Constitucional para redactar el borrador de nuestra Constitución federal… pero seamos serios, si tan sólo faltan 4 Estados miembros de la Unión por ratificar el tratado, ¿no resulta un tanto antidemocrático que todos los demás tengamos que esperar a que cuatro, sólo cuatro, se decidan?

Por una Unión más eficiente, democrática, transparente y política, capaz de desplegar una política propia, apoyemos el tratado de Lisboa.

Irene Sabio

 

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